jueves, 25 de noviembre de 2010

1Q84 haruki murakami

El viaje no mostraba diferencia con cualquier otro. La fila para registrar la maleta era enorme... enorme y la gente encargada de atender al público muy poca (nada raro). Tomé mis precauciones y llegué con tiempo suficiente para esperar y ver que la gente que viaja siempre es la misma; la mayoría lo hacemos por trabajo, otros por placer (los menos). En la fila trato de averiguar por qué todo mundo trae esa cara alargada, unos no habrán querido trabajar, otros nos despertamos muy temprano... otros vienen tarde(como yo la semana pasada). En fin, entre los reclamos de una señora que afirmaba que aeroméxico es una empresa de cuarta y aseguraba que parecía que estábamos en África (seguro tiene muy vigentes los recuerdos del mundial)un viejito(que por cierto, tiene más de diez años en esto de la documentación) me pidió mi identificación, pesó mi equipaje, registró las millas y miraba a la señora que seguía arrojando sus quejas a la nada; después apretaba más teclas hasta que logró terminar su proceso y me dio mi pase de abordar. Subrayó el número de sala, me indicó la puerta y la hora en que debía estar ahí.

Llegué a la sala (después de quitarme el cinturón, abrir el back pack, sacar la compu, las monedas, atravesar el umbral detector de metales y ponerme el cinturón, meter la compu, cerrar el back pack y guardar las monedas).

Todas los asientos estaban vacíos y, curiosamente, me dio trabajo elegir alguno.. di dos pasos hacia la derecha pero pensé que estaba muy cerca del mostrador... decidí que era mejor regresar un poco y sentarme a la mitad, total! no tengo ninguna prisa por nada. Me senté y miré a través de las ventanas como el sol empezaba su camino. Miré mis zapatos que habían adquirido el color naranja que entraba en forma de líneas horizontales. Esto me hizo sentir una especie de tranquilidad mezclada con un poco de nostalgia.

Después de un tiempo de pensar en mucho y en nada, llegó A con quien compartiría este viaje, platicamos un poco, nos encontramos a una vieja amiga quien no nos dijo otra cosa que no fuera que estaba de maravilla y que su nuevo trabajo es increíble.

Durante el vuelo seguí leyendo esa novela de MANUEL PÉREZ SUBIRANA que me ha tenido enganchado estas últimas semanas... Aterrizamos.

Cuando fue mi turno me puse en pie, ajuste los tirantes del back back y esperé a que un señor dejara de hacerse bolas con una maleta que bajó de los compartimentos y que resultó ser de nadie.. el único logro fue crear un estorbo que todos los que quedábamos dentro tuvimos que saltar para poder salir.

Al encontrarme con A bajo el avión, le señalé al señor quien fue culpable del contratiempo y le conté el coraje que me había hecho pasar. Mientras le platicaba, seguía con la mirada al "culpable", lo analicé perfectamente y vi que cargaba un morral que no entendía bien "HARUKI MURAKAMI 1Q84". Esto me hizo acelerar el paso y tratar de descifrar lo que decían las demás letras que a esta distancia no eran legibles (por lo menos para mí). El "culpable" traía prisa porque aceleraba el paso y cada vez me costaba más tenerlo cerca..

Finalmente, la banda que reparte el equipaje lo obligó detenerse y fue entonces cuando aproveché para leer lo que me faltaba y preguntarle: "hola, dónde conseguiste tu morralito?" La miró, como si se le hubiera olvidado lo que traía cargando y después de leerla y descubrirla, sonrió y me dijo.. "ah, es que yo soy el editor de murakami en méxico". "en serio?" -pregunté, "yo soy fanático!"-seguí. Me contó que venía a la feria del libro y me preguntó si yo también... "no, no exactamente.."-contesté. Platicamos un poco sobre murakami y otras publicaciones de Tusquets; le conté que una amiga tenía una publicación en su editorial.. Él me contó que en febrero publicann la nueva novela de MURAKAMI. Platicamos breve pero consistente. Nos despedimos.

Hoy pude darme una escapada y qué creen? conseguí mi morralito. Guadalajara ha sido muy productivo, en un rato tengo una cena que puede cerrar con buenas noticias el viaje..

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